Este fin de semana hemos vuelto a reflexionar en torno a Osho y sus acercamientos a la no necesidad de gurús y lugares de oraciones ad-hoc. En esta ocasión se intentó arrojar luz sobre la urgencia de los referentes dentro de la idiosincrasia del ser humano en el contexto europeo del siglo XX. Muy interesante fue la charla informal de Agustín Solo sobre Nietzsche y el episodio del caballo de Turín aludido cinematográficamente con éxito reciente por Bela Tarr: en diciembre de 1889 Nietzsche envía las “cartas de la locura”, a sus amigos y personajes destacados, en donde firma a veces como “El crucificado”. En esa etapa está enmarcado el célebre incidente de su abrazo a un caballo cuando éste era azotado a latigazos por el cochero. Nietzsche se abrazó al caballo y le pidió disculpas en nombre de la humanidad por la brutalidad humana, y sólo soltó el caballo cuando a la escena llegó el señor Fino, quien regentaba la pensión donde se alojaba.


Dentro del debate posterior se citaron como ejemplos el Futurismo de Marinetti y el histrionismo de D’Annunzio, con su apogeo cuasi-suicida de Fiume. Ambas situaciones históricas están íntimamente relacionadas, como deja entrever Battiato en una de sus letras:
“D'Annunzio montò a cavallo con fanatismo futurista
quanta passione per gli aeroplani e per le bande legionarie”
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