Por Isumaeru Gonzaresu
Sin duda una de las cuestiones más peliagudas a la hora de abordar la teoría del Movicionismo es el mantenimiento de la distancia que separa a la Tierra de la Luna. Nuestro satélite influye de manera directa en muchos de nuestros comportamientos, ciclos biológicos, fenómenos geológicos, etc. y la variación de dicha distancia (no digamos ya el desaparecimiento de la Luna) puede provocar transtornos de impredecibles consecuencias.
Somos sin embargo afortunados de contar en este planeta con mentes clarividentes que proponen sin cesar respuestas y soluciones a los problemas del Movicionismo. Una de estas personas es Piccoli Granchi, que regenta una pequeña academia de cocina italiana en Turingia. Dicha academia no es más que la tapadera de una lavandería con las lavadoras comunales más potentes de la región. Basándose en la observación de dicha maquinaria, Piccoli ha diseñado una teoría que deja en canillas todas las anteriores propuestas. A grandes rasgos, consistiría en enlazar nuestro satélite con la Tierra mediante un cable de alta resistencia que los uniría mientras se realiza el desplazamiento.
Este cable, fabricado utilizando materiales ignífugos y resistentes a los cortes de navaja, presentaría unas características de flexibilidad que harían que el movimiento no resultase traumático para ninguno de los dos elementos implicados y se fijaría a un soporte giratorio cuasi-rotacional que permitiría a la Luna realizar sus funciones cíclicas de rotación.
Todavía es pronto para darla como definitiva, pero la solución promete. Las pruebas efectuadas en el túnel aerodinámico han tenido éxito y ya se está realizando un test con prototipos a gran escala.
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